Nuestro cuerpo contiene 10 billones de bacterias y la mayoría están en nuestros intestinos, sobre todo en el intestino grueso (1 billón), y este conjunto es conocido como microbiota intestinal o flora intestinal.

Todavía queda mucho por investigar pero lo que sabemos sin duda, es que es una nueva revolución de la medicina, ya que tiene un papel clave en numerosos ámbitos de nuestra salud.

Aunque aún no se han podido identificar todas, tenemos como mínimo unas 500 especies diferentes de bacterias, de las cuales 160 compartimos todos los individuos. El resto depende del sexo, de la edad, del grupo sanguíneo, del medio ambiente, de la alimentación, de la contaminación, del estrés… Influye mucho si en la infancia ha habido parto natural o por cesárea, la dieta ingerida, y si ha habido o no lactancia materna. De la misma forma, el no tener una higiene estricta en la infancia (consumir alimentos no elaborados, llevarse objetos poco limpios a la boca, crecer en un entorno con campo y animales) es también un factor que ayuda a crear una microbiota intestinal potente, con gran diversidad y de calidad.

Pasada la infancia, nuestra alimentación sigue teniendo un papel importante en el mantenimiento del buen equilibrio de la flora establecida, ya que un cambio puede generar la proliferación de bacterias que causan enfermedades, alterando la defensa inmunitaria.

Sus funciones
La microbiota tiene numerosas funciones imprescindibles para nuestra salud:

• Modula el apetito y controla el vaciado gástrico mandando señales (propionato) al cerebro según la calidad de la ingesta. Si es una alimentación rica en fibras, ralentiza el paso del azúcar en la sangre. De esta manera, los estudios demuestran que una alimentación que carece de fibras aumenta los riesgos de diabetes.

• Sintetiza sustancias bactericidas como el ácido láctico para evitar el poso de bacterias patógenas, toxinas, contaminantes, alimentos no suficientemente digeridos.

• Al fermentar los residuos alimentarios no digeribles, nuestras bacterias absorben el calcio, el magnesio, el hierro y sintetizan vitamina K, implicada en la coagulación pero sobre todo tiene un papel antiinflamatorio muy importante y de protección cardiovascular. También sintetizan vitamina B y ácidos grasos de cadena corta, substrato energético que ayuda al crecimiento de las células de nuestro intestino grueso, para hacerlo más funcional y resistente.

• Está implicado en las defensas inmunitarias siendo la primera barrera protectora física formando capas de bacterias, evitando la invasión de gérmenes patógenos. Por otra parte, el 90% de los linfocitos, estas células implicadas en la inmunidad, se encuentran en los intestinos, y su actividad está modulada por nuestras bacterias.

Nuestra barrera intestinal funciona como un sistema de filtro que absorbe los nutrientes que necesitamos y la calidad de nuestra flora mantiene la integridad de la mucosa intestinal. Una flora desequilibrada provoca permeabilidad y así :

• El paso de antígenos alimentarios, amplificando la reacción a alérgenos (ej : eczema, asthma)
• El paso de endotoxinas responsables de inflamación y agravación de enfermedades autoinmunes
• Estrés inflamatorio en el metabolismo del colesterol circulante aumentando el LDL
• inflamación en el tejido adiposo que lleva a la cronicidad del sobrepeso y a la acumulación de grasa abdominal. Un número cada vez mayor de estudios han relacionado la composición de microbiota intestinal con la obesidad, y se puede predecir estudiando la flora.
• Estrés inflamatorio de la barrera hematoencefálica que protege el cerebro, (la microbiota y el cerebro están conectados por doscientas millones de neuronas que comunican), nuestras bacterias secretan neurotransmisores que mandan información al cerebro. El estrés está provocado por el paso de mediadores patogénicos que, según lo demuestran los estudios más recientes, interfieren en nuestro comportamiento y son responsables de patologías neuropsiquiátricas (depresión, malestar, ansiedad, hiperactividad, autismo, epilepsia, Parkinson, etc)

Es importante limitar las antibioterapias reforzando las defensas antiinfecciosas por inmuno nutrición, es decir, usando el poder de los alimentos: los antibióticos provocan la muerte de millones de nuestras bacterias intestinales lo que puede llevar a desarrollar candidiasis, colopatías y patologías digestivas inflamatorias. Si se ha de realizar un tratamiento antibiótico, es imprescindible tomar un probiótico durante y después del tratamiento.

La calidad de nuestra alimentación tiene un papel clave en el equilibrio de nuestra microbiota

Cada tipo de bacteria sobrevive mejor con un tipo de nutrientes específicos. Las bacterias buenas y esenciales se alimentan de restos de productos vegetales no elaborados, que nosotros no podemos usar: son las fibras solubles, llamados prebióticos. En cambio, las bacterias patógenas prefieren carnes y alimentación industrial, procesada las grasas saturadas de la leche, los Omega 6 y la carne alteran la flora y la mucosa digestiva provocando la proliferación de bacterias proinflamatorias.
Si comemos demasiado rápido, con ansiedad, estrés e ingerimos alimentos no recomendables para nuestra flora como por ejemplo hidratos de carbono simples, demasiada fructosa, lactosa, sorbitol, aditivos, y edulcorantes o alcohol, los elementos no se digieren y bajan rápidamente en el colon, favoreciendo la fermentación con producción excesiva de hidrógeno y metano. El resultado observado es: hinchazón, dolores, flatulencias, diarrea, reflujos, mal aliento (por la producción excesiva de metano).

Qué comer para mantener el buen equilibrio de nuestra microbiota.

Oímos muy a menudo que la dieta mediterránea es la dieta más adecuada para mantener nuestra salud. ¿Pero qué es la dieta mediterránea? Pues sencillamente, es una dieta basada en alimentos de origen vegetal que aportará todos los nutrientes y micronutrientes necesarios a nuestro metabolismo y a nuestra microbiota: vitaminas, minerales, antioxidantes, grasas esenciales, fibras, etc.
Como hemos visto anteriormente, nuestras bacterias buenas utilizan fibras, estos residuos de alimentos no digeribles, para sintetizar ácidos grasos a cadena corta que, además de reducir la presencia de bacterias patógenas, intervienen en otros aspectos del metabolismo.
Estas fibras provienen de los vegetales y se reparten en dos grupos:
· las solubles (o prebióticos), que tienen la función de alimentar a nuestras bacterias favoreciendo su crecimiento y además, de embeber las sustancias tóxicas eliminadas por el hígado y evacuarlas: las encontramos en las semillas (lino, chía), las pectinas de las frutas (manzana, ciruela, pera, plátano maduro), hortalizas (calabaza, calabacín, ajo coliflor, remolacha, alcachofa), cereales (avena, centeno), legumbres (lentejas, judías).

· Las insolubles, que tienen mayor función de arrastre para limpiar el intestino de materias retenidas y mejorar casos de estreñimiento : vegetales ricos en celulosa y lignina como los cereales integrales, frutas como la naranja, frutos secos y frutas deshidratadas, verduras de hojas verdes (espinacas, acelgas), hortalizas como puerros.

Por otra parte, los polifenoles de las frutas y las verduras tienen un papel clave ya que se transforman en principios activos que tienen efectos positivos sobre la flora y la mucosa, entre ellos, efectos antiinflamatorios muy potentes.

El consumo de alimentos ricos en probióticos naturales, es decir, en bacterias vivas que contribuyen a potenciar nuestra microbiota, conlleva todos los beneficios citados antes: son alimentos fermentados como el miso, la salsa de Tamari, el tempeh, el yogur, el kefir de leche o de agua, la kombucha, quesos a partir de leche no pasteurizada, verduras fermentadas (ej: kimchi, chucrut o sauerkraut), etc.

Quédate con el mensaje

Tenemos en el cuerpo más bacterias que células y tenemos que cuidar estos seres como cuidamos nuestro cuerpo y nuestra salud. Si no ha sido posible hacerlo durante la infancia, el remedio puede ser cambiando la higiene de vida, empezando por la alimentación (basada en vegetales y limitando los productos animales e industriales), y limitando la ingesta de toxinas que matan las bacterias sanas esenciales y provocan la proliferación de bacterias patógenas. En caso de inflamación digestiva ya desarrollada, se puede mejorar los síntomas o incluso hacerlos desaparecer, con una alimentación estricta y aportando altas concentraciones de complementos que ayudan nuestra flora y mejoran la barrera intestinal. El remedio más reciente es el trasplante de heces por colonoscopia, un método revolucionario con mucho futuro que permite requilibrar la flora del colon y cambiar el metabolismo con éxito.

Carole Picard
Nutricionista Vitalista

 


FUENTES Y REFERENCIAS :
Microbiótica, Nutrición Simbiótica y Microorganismos Regeneradores, 2014. Lynn Margulis, Bonnie Bassler, Máximo Sandín, Kairo Restrepo, Juana Labrador, Virginia Rupérez, Francisco Mata, Emilio Santos, ¨Palmira Pozuelo, Jesú Mier, Martín Goldman, Luis Antonio Lázaro y Ander Urederra.
La digestión es la cuestión, Giulia Enders
Goffredo M y al, Role of Gut Microbiota and Short Chain Fatty Acids in Modulating Energy Harvest and Fat Partitioning in Youth, J Clin Endocrino Metab, 2016 Sep 20.
Barengolts E, Gut microbiota, prebiotics, probiotics and snbiotics in the management of obesity and pre-diabetes: review of randomized controlled trials, Endocr Pract, 2016.
HL Simpson et al, Review article : dietary fibre microbiota interactions, Aliment Pharmacom Ther, 2015
J Maukonen et al, Human gut microbiota : does diet matter ? Proc Nutr Soc, 2015.
Fecal microbiota transplantation: past, present and future perspectives. Bibbò S1, Ianiro G1, Gasbarrini A1, Cammarota G2. Minerva Gastroenterol Dietol. 2017 Dec
www.gutmicrobiotaforhealth.com
www.isspascience.org

 

2 Comentarios

  1. Tengo curiosidad por saber mas de esa nueva tecnica de la que hablas en tu articulo, del trasplante de heces por colonoscopia
    Gracias

    • Hola Mercedes,

      De momento el trasplante de heces en España no está regulado y se hace a modo de prueba, o bajo autorizaciones y condiciones muy especiales, ya que hay que ser muy cautelosos con la selección de los donantes por el enterotipo de cada persona (suelen ser familiares voluntarios).
      El trasplante ha demostrado su eficacia para combatir infecciones por Clostridium Difficile pero los estudios siguen para comprobar hasta qué punto es eficaz en otro tipo de enfermedades crónicas, como Chron o el síndrome del intestino irritable por ejemplo.
      El método es por colonoscopia, enema o sonda nasogástrica, pero como son métodos que pueden ser dolorosos e invasivos, se están probando nuevos métodos menos invasivos con cápsulas de heces congeladas que se disuelven al llegar al intestino delgado (creadas por la organización Open Biome), lo que puede resultar mucho más fácil para ensayos a largo plazo, ya que no es viable realizar colonoscopias todos los días:

      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26163107
      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25322359

      Si quieres informarte más sobre los centros que realizan los estudios en España, puedes intentar ponerte en contacto con la Sociedad Española de Patología digestiva.

      La solución que propongo antes de llegar al trasplante, es realizar unas analíticas de heces para analizar la microbiota intestinal en un laboratorio especializado y, en caso de disbiosis, reequilibrar la flora con un cambio de dieta y un tratamiento con probióticos específicos según la patología. Es una técnica con la que estoy más familiarizada y que permite obtener buenos resultados a largo plazo para cualquier tipo de enfermedad inflamatoria (ya sea del intestino o no).

      Espero haber resuelto tus dudas 😉

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