El rechazo a ciertos alimentos

La mayoría de los padres y adultos responsables de un menor se preocupan por una correcta alimentación en los niños tanto en cantidad como en calidad.

Esta preocupación es normal, pero también debemos ver como normal que haya un rechazo a ciertos alimentos o grupos de alimentos en determinadas épocas de su vida.

Es importante conocer que el “obligar”, no solo no resuelve el problema sino que puede acentuar el rechazo (a corto o largo plazo) y suele generar estrés, peleas y ansiedad tanto al menor como al adulto.

Podemos ofrecer, pero sin forzar. Es importante que estos alimentos rechazados sigan estando en la mesa. Si el niño no los quiere podrá comer más cantidad de otro de los alimentos saludables que ofrecemos en el menú, pero no cambiárselo. Por ejemplo, si come mejor la pasta que la ensalada no sería una buena solución quitar la opción de la ensalada y ofrecer más constantemente pasta por no “pelear”.

También hay que recordar que hay una gran variedad de alimentos, en especial frutas y verduras, que son los grupos de alimentos que más suelen rechazar. Puede ser que encontremos algunas verduras, por ejemplo, que el niño rechace y otras que no. Si es así, podemos favorecer el consumo de las que menos rechace, y con el tiempo irá aumentando su gusto por la variedad. Lo mismo ocurre con los métodos de cocción, quizás rechacen una espinaca cocida, pero la tomen fresca en ensalada o en puré.

Actitudes ante la educación nutricional

En diferentes estudios se ha observado que los distintos estilos de crianza ejercen efectos diferentes sobre la alimentación de los niños y su riesgo de obesidad.

Una importante investigación calificó tres comportamientos en la educación, y por sus resultados podemos concluir:

  • Si aplicamos mucho control y disciplina, y de forma crítica se tiende a generar dietas o bien inefectivas, o bien contraproducentes, multiplicando por cinco sus posibilidades de sufrir obesidad.
  • En actitudes permisivas, con inclinación a perdonar y disimular los errores, o incluso en una actitud indiferente se ha observado que el riesgo de obesidad infantil se duplica.
  • La mejor posición ante una correcta alimentación que se relaciona con una disminución del riesgo de obesidad infantil y un mayor consumo de alimentos saludables, es aquella en que los padres razonan sus actos y se comunican cordialmente con sus hijos. Ponen ciertos criterios adaptados a la edad del niño, y son sensibles a sus necesidades, así como a sus señales internas de hambre o saciedad, es decir que los niños decidirán qué y cuánto comen de lo que los adultos ofrecen. Para esto el adulto realiza primero una selección de los alimentos que se ingerirán en el hogar, siendo escasa la presencia de alimentos poco saludables.

Es muy importante el ejemplo de los propios padres ya que puede modelar la dieta de los niños tanto o más que cualquier otra estrategia.

El Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN) elaboró una tabla que recoge una serie de consejos sobre la alimentación infantil. Algunos ejemplos:

  • Haga que la hora de comer sea agradable;
  • Predique con el ejemplo;
  • Exponga al niño a una variedad de alimentos saludables (como frutas y hortalizas);
  • No desista, con paciencia. La exposición repetida (sin forzar, insistir u obligar), puede romper la resistencia.
  • La neofobia es del todo normal; es algo frecuente y esperable.
  • No use alimentos ricos en energía como recompensa, ni frutas y hortalizas como castigo.

Raquel Puebla – Nutricionista Vitalista

Fuentes y referencia:

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21872692

http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/infancia_y_adolescencia/2013/05/09/216638.php

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23600901

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19490734

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18564454

 

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