La cena…

… es una de las tres comidas principales del día y para muchos una de las más importantes, ya que es el momento que comparten con la familia, tienen tiempo para cocinar o para relajarse. Para otros es un mero trámite antes de irse a dormir. Pero, ¿en qué consiste una cena adecuada? ¿es necesaria? ¿en qué consiste una cena … ligera?

Más de la mitad de las respuestas a la pregunta “¿Qué sueles tomar de cena?” se resumen en frases como: “Algo ligero”, “un yogur o fruta”, “algo de embutido”.

Por otro lado, la ansiedad o estrés acumulado también puede generar el extremo contrario: cenas muy copiosas o con alimentos muy energéticos.

La ingesta energética de las tres tomas principales del día debe repartirse aproximadamente de la siguiente manera: en el desayuno, el 20-25% del total de las calorías diarias; en la comida, el 35-40%, y en la cena, 25-30% (además de pequeños porcentajes entre comidas principales). Pero no han de tenerse en cuenta solo las calorías, ya que la carga de vitaminas y minerales, más importante aún, no solo ha de dejarse en una comida principal.

Planificar los menús ayuda a hacer las comidas más variadas y a introducir platos que se tenían olvidados.

Lo ideal es que utilicemos ingredientes variados de todos los grupos alimentarios.

La ensalada es un recurso saludable, nutritivo, rápido de preparar y admite múltiples combinaciones. Si se toman como plato único en la cena, la ensalada debe llevar además de los vegetales, también proteínas de buena calidad (huevo, pollo o pavo, pescado, jamón, queso), farináceos (algo de pan, arroz, pasta o patatas) y aceite. Si es verano, se puede comenzar la cena con una crema fría y en invierno apetecen purés o sopas. Por los ingredientes que incluyen, se conservan perfectamente en el frigorífico unos días si se preparan con antelación.

Es preferible cocinar sin mucha grasa (vapor, hervido, plancha, horno, microondas, etc.) y evitar productos con cafeína y gaseosos.

Algunos consejos…

Tomar siempre merienda y estar bien hidratado hará que no lleguemos con ansiedad a la cena.

Es adecuado cenar al menos dos horas antes de acostarse para que la digestión no interfiera con el sueño. Y no hay que llenarse. Eso no es bueno en ninguna comida y aún menos en la cena, ya que con la “tripa llena” es más difícil conciliar el sueño y la noche se hace más incómoda con una larga digestión.

Si pasa bastante tiempo entre la cena e ir a dormir, se puede tomar algún alimento (esta comida es llamada resopón) y es un momento idóneo para complementar la ración de frutas o lácteos que no se haya consumido a lo largo del día.

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