El agua es el principal componente del cuerpo humano e interviene en numerosos procesos fisiológicos que tienen lugar en nuestro organismo: reacciones metabólicas, digestión y regulación de la temperatura corporal. El agua representa, de media, el 60% del peso corporal en los hombres adultos y el 50-55% en las mujeres (EFSA 2010; IOM 2004), además de ser el principal componente de la sangre y los diferentes tejidos y órganos.

Con la llegada del verano y del buen tiempo solemos cambiar nuestro estilo de vida: realizamos más ejercicio al aire libre, más actividades… En definitiva, nos movemos mucho más. Todo ello, unido al aumento de temperatura y de humedad en algunas zonas, provoca que se incremente nuestro gasto hídrico. El calor, las altas temperaturas, el ejercicio y las actividades diarias hacen que nuestro organismo necesite compensar ese gasto y se incremente el consumo de agua, de ahí la necesidad de estar bien hidratados para su correcto funcionamiento.

El agua tiene una participación esencial en el transporte a través de la sangre del oxígeno que necesitan los músculos, en la eliminación del anhídrido carbónico mediante la respiración y en la regulación de la presión arterial para el buen funcionamiento del corazón y del sistema circulatorio. También interviene en la digestión, absorción, circulación de los nutrientes para alimentar las células, al igual que en el proceso inverso, es decir, en la eliminación de los desechos que éstos generan. (IOM 2004; Marieb y Hoehn 2007; Robertson y Berl 1996).

Durante el verano es importante estar hidratados, recuperar esas pérdidas de agua del organismo, así como recuperar sales minerales. La deshidratación provoca cansancio, dolor de cabeza y malestar general. Se estima que cuando perdemos en torno a un 2% del agua corporal, ello causa una merma del 20% de la energía física. Si la pérdida de agua se eleva hasta el 10%, aumenta el riesgo de sufrir complicaciones graves. De ahí la importancia de mantenernos bien hidratados durante el verano (Wenger 1972). El agua contenida en los alimentos, junto con el agua que bebemos y con el resto de líquidos, debe garantizar una buena hidratación corporal.

Por todo ello, te dejamos unos consejos para mantener una ingesta hídrica adecuada este verano:

1.- Ingerir alimentos ricos en agua que nos ayudarán a hidratarnos, principalmente frutas y verduras. Estos pueden garantizarnos entre un 20% y un 30% del aporte hídrico diario.

2.- Beber al menos entre 2 y 2,5 litros de agua al día. Esto dependerá en gran medida características de cada persona, como pueden ser el sexo, la edad, el ejercicio realizado o la temperatura ambiental.

3.- Es importante hidratarse antes, durante y después del ejercicio, de paseos largos o de actividades al aire libre, donde estamos expuestos a temperaturas altas.

4.- También debemos tener en cuenta la temperatura del líquido que bebamos. Lo ideal es tomar agua a una temperatura entre 10-15ºC, ya que el cuerpo asimila más rápidamente los minerales.

5.- Hay que evitar beber durante momentos de alta frecuencia respiratoria, cuando estamos realizando un ejercicio de alto rendimiento, es decir, en hiperventilación. Esto se debe a que estaremos privando a nuestro organismo del oxígeno cuando más lo necesita.

6.- Debemos atender a las señales que nos manda nuestro cuerpo. Por ejemplo, la sed es un síntoma tardío de deshidratación en nuestro organismo.

No debemos esperar a tener sed, para beber, debemos evitar sufrir golpes de calor y principios de deshidratación. La deshidratación ocurre cuando la eliminación del agua supera a la ingesta, de ahí la importancia de estar bien hidratados y beber suficiente para evitar que esto suceda.

Desde Vitalista te recomendamos mantenerte bien hidratado este verano. ¡No te olvides de tomar tus dos litros de agua al día!

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